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La intrusa

Me fui a acostar, mi cama lucía espléndida y tentadora para un día más de reposo para mi cuerpo, sábanas color rosa bien tendida. Pero un susto enorme me llevé, a un costado muy a gusto estaba doña Soledad, me incomodo su presencia, la increpé le dije “qué hace usted en mi cama sin mi permiso!” Doña Soledad esbozó una sonrisa, yo cansada me repetía mañana la saco y dormida me quede.

Al otro día seguí con mi rutina, hice toda mi labor diaria a las 18 Hs. Aproximadamente me dispuse a tomar un té, sorpresa! En mi sofá muy cómoda reposaba a gusto Doña Dolor, disgustada le pregunté que hacia allí y el por qué de su presencia, me respondió vos me llamaste. Le dije; Señora Dolor no me gustan las invasiones en mi casa debe haber un error, le ruego se retire cuanto antes.

No hubo respuesta. Llegó la noche y de nuevo Doña Soledad descansaba plácidamente en mi cama, muy resuelta y enojada le dije; Señora Soledad retírese de mi cama su presencia no me agrada! Esta ves recibí respuesta, me dijo duerma tranquila mañana seguiremos hablando …el sueño de nuevo me venció.

Visita de la señora Soledad

Por la mañana me fui a dar una ducha, abro la cortina del baño detrás estaba Doña Melancolía. No lucia muy bien, su aspecto daba tristeza así que otro tremendo susto me llevé.

Con voz firme le dije; ¿ Cómo se atreve usted a ingresar a mi casa ? Doña Melancolía habló con voz muy baja y me respondió; es que no tengo casa y aquí hay lugar.

Me duché rápidamente ante su presencia mientras pensaba cómo haré para sacar a todas estas invasiones de mi casa.

Me dispuse a ordenar mi placard y me quedé muda, allí encontré a Doña Tristeza vestida toda de negro, tampoco lucía muy bien, ya cansada y muy enojada le dije ; ¿Cómo se atreve usted a habitar en mi placard, quién le dio permiso? Me respondió como Doña Melancolía, no tengo casa, nadie me quiere y aquí hay lugar.

 

Cerré el placard, me senté a pensar seriamente acerca de las visitas y sus explicaciones acerca de su presencia en mi casa, mientras bebía a sorbos lentamente un té con sabor a menta, cedrón, eucalipto y melón. Recorrí la casa con mi vista todo estaba en orden y como a mi me gusta.

Reflexionando sobre las visitas mientras bebía un té con sabor a menta, cedrón, eucalipto y melón

Me aseguré de la correcta apertura y cierre de puertas y ventanas, todo estaba bien, no había indicio de irregularidad, me puse a pensar tal vez algún día de descuido dejé alguna ventana abierta, al instante me dije imposible! Hay casas mas abajo…

Decidí salir a caminar, en las calles las hojas de los árboles van cambiando su color, el viento sopla suavemente, la Madre Naturaleza va anunciando la llegada de Primavera. Adoro esta estación, intento distraerme no lo consigo en mi cabeza rondan las invasiones no invitadas de ellas las Intrusas.

De repente sentí Angustia, para mi sorpresa otra invasión se hizo presente en mi ser. Entonces me pregunté a mi misma ¿qué te sucede, qué te agobia el corazón? Me abalancé sobre un banco color verde, cosa extraña frente a mi me esperaba un banco solo para mi. Me senté, levanté mi vista hacia el cielo, por mis mejillas rodaban lágrimas, me las sequé rápidamente, intente distraer mi vista la enfoqué sobre el vuelo de los pájaros; dije en voz alta ¡Quisiera volar ! Me pregunté dónde iría ??? Rápida respuesta encontré a mi pregunta.

La angustia se hizo presente en mi ser

Volaría como las aves bajo el cielo celeste con viento suave y el brillo dorado del sol, a un lugar del Universo dónde no existan las/los Intrusos, Doña Soledad, Doña Tristeza, Doña Melancolía, Doña Dolor, ni Doña Angustia. Qué cobarde, me respondí enseguida, me amigué conmigo misma, me abrigué con un poncho de lana multicolor el tenue frío indeciso me dijo que aunque haya mil dificultades, le ponga calor y color a mi vida, eso hice me levante del banco, le agradecí por su prestarme su asiento, esta vez yo sonreí volví a mi casa, abrí las puertas y ventanas, cambié mi actitud me convertí en la heroína de una historia  eche  a todas las intrusas, las despedí para siempre.

El error fue mío  sin darme cuenta y por vivencias les di albergue a una intrusa o un intruso, claro que vinieron acompañadas… A veces sin darnos cuenta permitimos la entrada a quienes no fueron invitados, nos dejamos invadir. Darnos cuenta, no convivir con los que nos hace mal, nos daña, nos impide ser personas felices, de encontrarnos con todos esos intrusos que enferman nuestro cuerpo, mente y espíritu hay que buscar ayuda y si no los invito a sacarlos de sus casas y de sus vidas a los intrusos que se quieran robar nuestra vida, vuestros sueños, sus esperanzas, su proyectos, sus anhelos, como si usted no tuviera derechos de vivir muy bien en ésta vida, en vida, sano y feliz hoy y hasta que Dios disponga. Así de simple despida a los intrusos y viva la vida.

Que la Divina Gracia les conceda sus deseos de vivir en paz con salud y trabajo. Namaste!

2019-02-13T02:56:57+00:00

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